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The Glen Tavern, como en casa

The Glen Tavern en LimerickEn el año 2000 aterrizamos por primera vez en Irlanda. Fue en Limerick, al Oeste de la Isla. La noche que llegamos llovía, como no podía ser de otra forma, y la oscuridad de esa noche cerrada nos produjo una gran desazón. Lo único que nos venía a la cabeza era la descripción de la ciudad que había realizado Frank McCourt en Las cenizas de Ángela, y que de lo poco que habíamos leído de Limerick, era conocida como la ciudad de los cuchillos por su alto índice de delincuencia. Nos dejaron en Dock Rd., a las puertas de un off licence y un gélido portal, nada que se pareciese a nuestro mundo conocido. Subimos al apartamento que teníamos asignado por la empresa con la consigna de no pensar mucho y dormir, ya que al día siguiente, a las 6:00 de la mañana venían a recogernos para llevarnos a nuestro nuevo trabajo, a la fábrica.

Quizás por unos instantes mi mujer y yo pensamos que hacíamos allí los dos solos, durante unos segundos, más bien minutos, pensamos en no deshacer la maleta y volvernos al día siguiente. Pero no, dormimos, seguramente por el cansancio del viaje, y amanecimos por primera vez en Irlanda.The Glen Tavern

No diré que fue como un renacer, eso lo descubriríamos más adelante, pero si es cierto que después de unas horas de sueño, no muchas, levantarse fue como reafirmarnos en la decisión que habíamos tomado.

El primer día subimos a O’Connell Street, donde nos recogió puntual un autobús destartalado que nos llevaría a la fábrica. No contare más del primer día de trabajo de momento, aunque anécdotas hubo muchas. A las 16:00, puntuales como un reloj, salimos de trabajar, aturdidos por toda la información recibida, y con una lista innumerable de cosas por hacer para empezar a poner en marcha nuestra nueva vida.

Después de un breve recorrido por la ciudad, y realizadas las primeras compras de enseres y alimentación en el Tesco de Arthur’s Quay para los primeros días, nos dimos cuenta que eran las 19:00 de la tarde y no teníamos nada que hacer, ni siquiera ver la TV, y aún llevábamos horario español.

Decidimos, ya que éramos de los pocos privilegiados que se alojaban cerca del centro, salir a dar un paseo y tomar algo, aun a sabiendas de que estábamos en la ciudad de los cuchillos, algo así como la ciudad más peligrosa del Oeste.

La primera impresión fue ver que todo aquel gentío que encontramos en las calles a la salida de la fábrica se había esfumado. La lluvia había vuelto, la oscuridad, producto de una noche sin luna y las pocas farolas que alumbraban entonces, no animaban mucho a salir. Pero salimos, bajamos por Henry Street, en seguida vimos el cuartel general de la Garda (policía Irlandesa), lo que nos hizo pensar que mejor no movernos mucho de aquella zona. Giramos a la derecha por  Glentworth Street y enseguida vimos un pequeño Pub haciendo esquina, The Glen Tavern. Sin dudarlo nos metimos pensando que mejor inspeccionar de día. Nada más pasar las puertas, encontramos un pub encantador, acogedor, con algunos parroquianos, en el que enseguida nos invitaron a acercarnos a la barra. Nos sorprendió la serie de esplendidas viñetas que reproducían cómo se elabora la cerveza Guinness justo encima de la barra. En nuestro pobre ingles pedimos unas pintas, Guinness por su puesto, y unos sándwiches,  que The Glen Tavernmuy amablemente nos llevaron a la mesa donde nos habíamos sentado, un reservado en la parte de atrás. Nada más servirnos, el camarero, creo que un poco sorprendido por la cara de despistados que teníamos,  nos pregunto de donde éramos, si estábamos de vacaciones o de turismo…, al decirle que no, que nos habíamos mudado a vivir a Limerick por trabajo, pero que era el primer día y estábamos muy despistados, comenzó a darnos conversación y rápidamente, en vista de que se le hacía difícil entendernos creo yo, nos puso la tv,  nos dio el mando y nos dijo que allí como en nuestra casa. Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, el sándwich de jamón y queso, y el primer sorbo de Guinness acompañados por Friends en la televisión, recuerdo la felicidad, la tranquilidad, la intimidad de aquellos primeros días, la emoción por empezar de nuevo,  fue el comienzo de un idilio con Limerick e Irlanda que dura hasta hoy, el comienzo de una aventura que nos llevo a descubrir un país, una cultura, un mundo diferente. Así pasamos nuestras dos primeras semanas en Limerick, con un Sandwich de jamón y queso, una Guinness y Friends en la Glen Tavern, en nuestra casa. 

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Pub Glen Tavern en Limerick

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